El brazo armado de Qué Leo

OPINIÓN & POSTEOS

Literatura: La no-estrategia indie

Las editoriales independientes y locales en Latinoamérica y España son una muestra de que las cosas en la industria cambiaron. Las grandes tendrán sus best sellers, las chicas, pequeños fenómenos. Como ocio, de Fabián Casas.

Por Alberto Fuguet | Escritor y cineasta28/07/2011

Lo primero que llama la atención es una gran O. La O es de Ocio, la no-tan-nueva pero ahora resucitada novela del narrador y poeta argentino Fabián Casas, que está viendo la luz por primera vez en Chile en la preciosa edición de Los Libros Que Leo, el brazo armado editorial de la librería Qué Leo (pero que se puede conseguir en cualquier librería).

Los Libros Que Leo es una editorial independiente, alternativa, que se suma a una tendencia que puede tener algo de moda, pero que también es algo así como una respuesta creativa y necesaria ante la inminente debacle de las editoriales transnacionales, sobre todo las del mundo hispano. No es que las megaeditoriales vayan a quebrar; se van a tener que especializar en libros que corran poco riesgo. Un elefante -se sabe- se mueve más lento que un ratón.

A pesar  de que las grandes editoriales están en todos los países que hablan castellano, y los libros están escritos en castellano, el sueño del autor novel o no tan nuevo de poder llegar a todas las librerías del continente (y de la península) está llegando a su fin. El mundo editorial se ha quedado atrás y, tal como en el negocio musical, las cosas están cambiando. Los grandes se mueven bien y logran éxitos impresionantes con los “autores grandes”, best sellers, los ganadores de premios, los nobeles.

Las editoriales independientes funcionan de otro modo y lo que les ofrecen a los autores es “casi no distribuirlos”, pero tratarlos “suavemente”. Esto, que suena a suicidio literario, no es tal, porque los responsables  tienen claro que son pequeños, que su negocio depende de conquistar lectores. Al no ser parte de una transnacional, los editores chicos deben luchar y sudar para posicionar sus libros. Esto, claro, les gusta a sus autores, que se sienten tomados en cuenta y “no uno más”. La ley-no-escrita de estas editoriales pequeñas es que no intentan internacionalizarse y, de hacerlo, es casi a modo de trueque: un acuerdo con una librería especializada en un país vecino. En España están apareciendo como hongos después de una lluvia y, en América Latina, hay al menos una por país: El Cuervo en Bolivia, Eterna Cadencia y Santiago Arcos en Argentina, Estruendomudo ruidoso en Perú, Hum en Uruguay, Sexto piso en México, Metales Pesados en Chile, y así.

Fabián Casas tiende a ser el autor símbolo de este fenómeno: en vez de llegar de una, consagrado, sus libros han ido replicándose de país en país, y de pronto se ha vuelto no sólo un gran escritor (lo era antes ) sino un autor con lectores, un escritor de moda  y un narrador presente en todas partes. Siguiendo los manuales, Casas no debería triunfar, ni tener presencia latinoamericana. Su mundo es personal y atemporal, su prosa es fina, sus temáticas íntimas. Ocio es una novela entrañable, delicada, que es capaz de sobrevivir el ajetreo ligado a la industria cultural de masas.  No me extraña que pueda encontrar lectores. Lo que extraña y lo que hay que celebrar es que este libro y este autor, en estos tiempos, pueda estar en librerías, aunque sea escondido entre todos los volúmenes escritos con “fines de lucro” y a un precio digno.

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